CORREDOR DE LA MOSCOWA, CERBILLONA (3247 m)

Por Felip Montoliu
El fin de semana del 7 y 8 de junio, justo un año después de la última salida que los “tres caguetas” habíamos realizado al Balaitus y Gran Facha, volvemos a quedar para realizar un plan que teníamos en mente desde hacía tiempo: El Vignemale (3298 m) por el corredor de la Moscowa. Ya habían sido varios los intentos de hacer esta actividad, pero siempre se habían pospuesto (alguna vez con la mochila ya preparada), por cambios en la previsión metereológica. Parece que por fin da bueno y para allá vamos. Esta vez le toca a Pedro pillar el coche y por momentos pensamos que no llegamos ya que en las cuestas el motor “petardea” pero a las 20:00 del viernes estamos sanos y salvos en Bujaruelo. Cenamos refugiados en las ruinas de la ermita y cae la primera de las tres botellas de vino que llevamos. Fresquitos, ya que se está haciendo de noche y sopla viento, empezamos a andar por el valle del Ara hacia la cabaña del Cerbillonar, donde tenemos previsto dormir. Dani engaña a Pedro quien empieza a fantasear sobre unas tías que le han dicho que también van a dormir en el refu, pero al final resulta que son dos grupos de tíos de 2 y 3 personas respectivamente quienes ocupan las dos habitaciones separadas que tiene la caseta. Cuando llegamos es noche cerrada (las 23:30) y nos ha costado algo de encontrar ya que la posición del GPS tomada del mapa Alpina está unos 500 metros antes de la posición real del refugio. Para no despertar a la peña, decidimos vivaquear, pese a que la noche es fresquita. De hecho nos levantamos cubiertos de escarcha ya que se ha helado el rocio, pero a las 4:30 de la mañana, empezando a clarear, nos levantamos habiendo dormido tan solo 4 horitas. Menudo coñazo el Dani…. Desayunamos, dejamos algo de material en la caseta y para arriba.
El grupo de 3 ya ha salido cargado (están haciendo una travesía de varios días) y coge el camino bueno. Nosotros, para variar, nos metemos en un barranco para superar un resalte que tenemos en frente, pero que, gracias a que está muy empinado, nos hace ganar altura rápidamente. El de de dos, más fuertes, también cogen el camino bueno y rápidamente nos adelantan. La subida, primero por rampas de tierra o hierba es, como no, empinada y prácticamente sin tregua. Tan solo hay alguna roca grande más o menos plana donde puedes parar y quitarte la mochila para sacarte algo de ropa o ponerte material cuando llegamos a la nieve. Seguimos rectos sobre una pala de nieve donde empezamos a encontrarnos restos de grandes aludes. Al llegar a la base de una especie de circo se giran 90º a la izquierda donde al fondo ya se ven unos collados por los que pasar arriba y más restos de avalanchas. EMPINADÍSIMO. A la marcheta vamos subiendo. Se pilla el corredor más evidente que lleva a una corta arista la cual encontramos con cornisas.
Este corredor tiene algún punto donde hay poca nieve y “clavas” en roca. Dani provoca un pequeño desprendimiento que le da un buen susto. Otra subida, ufff, esto no se acaba nunca. Con razón se dice que una de las rutas más alpinas de Pirineos. Se pasa por debajo de unas grandes rocas para después bordearlas por su derecha (vistas desde abajo) y subir, por fin, directamente al Cerbillonar. Arriba el viento es frío y sopla fuerte, así que apenas podemos disfrutar de las vistas del glaciar y de la “corona” que forman el grupo de cumbres del Vignemale. Un mar de nubes destaca las cimas que nos rodean. Nos ha costado casi 5 horas subir los 1450 m de desnivel desde el ref. hasta el primero de los picos que teníamos previsto hacer. Bajamos hacía el glaciar buscando resguardarnos del viento y después de comer decidimos hacer honor a nuestro lema preferido y
"VOLVER CON EL RABO ENTRE LAS PATAS” dejando el Vignemale, que se ve esplendoroso justo enfrente (ya sabes: cerca pero lejos), para otra ocasión. La dura subida nos ha costado más tiempo del que esperábamos y la nieve ya se está empezando a poner papa, lo que nos augura una bajada pesada, como así fue. Así que hasta luego Vignemale y Cia. Para otra vez será. Nos vamos para abajo. Al principio intentamos bajar con dignidad y de cara a la nieve en los sitios más comprometidos, pero poco nos vamos hundiendo más y más, por lo que pasamos a la poco decorosa técnica del culo-tobogán. Dani (hoy no tiene su día) se hunde y se hace daño, lo que le retrasa un poco más en la bajada. A las 17:00, casi doce horas después de haber salido, llegamos a la cabaña del Cerbillonar. Como aun quedan horas de sol y aun no estamos rotos (del todo), decidimos merendar, mear, cagar y bajar tranquilamente hasta el coche, así el domingo podemos llegar antes a casa. Ya de bajada el último susto. Llegando al coche, donde el sendero ya se ha convertido en pista, nos encontramos un rebaño de vacas, terneros y algún que otro toro. Concretamente uno parece que no lo haga mucha gracia que pasemos por allí, empieza a mugir agresivamente a pocos metros de nosotros. Nadie se atreve a decir nada ni, por supuesto, estamos para correr, pero el olor a cagao se podía notar desde Torla. Cuando tenemos el toro lo suficientemente lejos para que no nos pueda envestir nos entra la risa tonta. A las 19:30, 22 horas después de haber salido, llegamos de nuevo al coche.
Cervecita de rigor en el bar “Las Gradas” de Torla donde nos hacemos un bocata para cenar. Cubatita en un bar de Broto y, como se esta convirtiendo en habitual (al menos hasta que se inaugure), a dormir en el techadito de la oficina-museo del parque que hay junto a la parada de autobuses de Torla.
Al día siguiente vuelta a casa con parada para comer en la ermita de Santa Eulalia, provincia de Teruel, donde nos acabamos el vino que nos queda. Ah, y recordad: los domingos el outlet de Barrabes en Huesca está cerrado.


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